Salmorejo cordobés


I'm back! Después de muuuucho tiempo he vuelto; responsabilidades mayores me han tenido completamente apartada del blog, ¡pero espero haber vuelto para quedarme! Y ¿qué mejor manera de reestrenarme que con un fresquísimo salmorejo cordobés para los días de calor infernal que nos acechan ahora que ha entrado oficialmente el verano?

presentación de salmorejo cordobés con tiras de jamón


Lo cierto es que córdoba queda un poco lejos de mi tierra y he de confesar que no he estado nunca, no por falta de ganas, ojo, pero en un mundo como en el de hoy día es muy fácil estar en contacto con prácticamente cualquier lugar del mundo y por tanto encontrar recetas de aquí y de allá sin problema.

Para aquellos que crean que un salmorejo es una especie de gazpacho, voy a aclarar que la diferencia en bastante notable: mientras que el gazpacho está elaborado a base de verduras varias, el salmorejo es una mezcla de tomates y pan, adquiriendo así una mayor consistencia que el primero.

En cualquier caso, ambas recetas son bienvenidas en la mesa, especialmente en esta época del año. ¡Vamos allá!




Ingredientes (para unos 2,5 l):


Para el salmorejo:


- 2 kg de tomates pera maduros

- 300 gr de miga de pan del día anterior (o 2 días)

- 300 ml de aceite de oliva virgen extra

- 2 ó 3 dientes de ajo, al gusto

- 15-20 gr de sal, al gusto

- Vinagre, opcional


Para acompañar:


- Huevo cocido

- Taquitos de jamón curado

Elaboración:


Lavamos los tomates, les quitamos el rabo y lo del alrededor, que no tengo ni la más remota idea de cómo se llama pero imagino que sabéis a qué me refiero, ¿no?, los troceamos en cuartos más o menos, y los trituramos muy bien con la batidora. Después lo pasamos por un chino o por un colador fino para eliminar las pepitas o cualquier trozo que se nos haya podido quedar sin triturar.




Desmigamos la miga de pan, la añadimos al tomate triturado y esperamos 10-15 minutos a que se ablande.

Añadimos el aceite, los dientes de ajo pelados, la sal y el vinagre (yo no uso) y trituramos de nuevo hasta conseguir una textura muy fina. Probamos y corregimos de sal, ajo o lo que creamos que le falta.



Lo metemos en la nevera hasta la hora de servir, para que esté fresquito.

A la hora de servirlo se acompaña con huevo picado y taquitos de jamón y ¡listo!

Pequeños consejos:


Los tomates mejor maduros que verdes, y si bien los tomates pera son los más recomendados debido a la cantidad de agua que tienen, también podéis usar los tomates que tengáis en casa que ya estén un poco pasados como para ponerlos en una ensalada.

Para triturar los tomates, os recomiendo que uséis una olla alta (y delantal), si no queréis pringar la cocina y a vosotros mismos.

Y en cuanto a la cantidad de sal y demás, lo mejor es quedarse un poco corto al principio y añadir luego más si es necesario, porque si os pasáis... no es que no tenga arreglo, pero daría más trabajo, porque a lo mejor tendrías que poneros a triturar más tomates después para diluir.


Al gusto:


Lo dicho, cantidad de ajo y aceite, al gusto de cada cuál, incluso con el pan ocurre lo mismo, pues usando más o menos cantidad, el salmorejo quedará más o menos denso. Con las cantidades que yo he puesto, el salmorejo queda ligero pero no líquido.

Y el jamón, si queréis podéis pasarlo un poco por la sartén para dejarlo crujiente, o más fácil en el microondas a media potencia durante un par de minutos aproximadamente.


Catástrofe de hoy:


Pues no sé si es que en estos meses se me ha curado un poco el despiste u hoy he tenido mucha suerte, pero me temo que no tengo nada interesante que contaros hoy. Ojo, que aún no lo he comido (probado sí, por supuesto, y está buenísimo, que no voy a ponerme a publicar recetas que ni yo misma pruebo), de modo que aún estoy a tiempo de liarla con los huevos o el jamón. Si es así ya os esteraréis, no creáis que no.


Fotos para abrir boca:

Tostas de ajos al horno con queso brie


Aunque apenas publiquemos nuevas recetas, no significa que hayamos abandonado el blog. Simplemente, como nos ocurre siempre a nosotros y a todo el mundo, andamos muy escasos de tiempo. Intentamos recopilar las fotos de las recetas que queremos publicar, pero se nos van acumulando, aunque espero que consigamos publicarlas cuanto antes.

La receta que os presento la tengo en pendientes de las vacaciones de Navidad. Probé el plato cuando salí con unos amigos a cenar por Lavapiés y me encantó, aunque antes de probarlo no sabía cuál iba a ser mi reacción. Y es que es un plato un tanto peculiar, ya que sus ingredientes principales son sólo ajo y queso, por esto también es muy fácil de hacer. Eso sí, no se os ocurra poneros a hacer el plato con hambre, ya que el ajo tarda en hacerse, así que, si no queréis estar babeando delante del horno, tened en cuenta que se necesitan unos 90 minutos para que los ajos estén hechos.



Salvo por el tiempo de espera la receta es muy fácil de hacer, así que ¡manos a la obra!

Ingredientes (para 2 personas):

- 250 g de queso brie o torta del Casar

- 2 cabezas de ajos grandes

- Mini tostas finas

- Romero

- Aceite de oliva (opcional)


Elaboración:

Lo primero que debemos hacer es poner a calentar el horno a unos 200ºC. Mientras éste se calienta cortamos la parte superior de los ajos para que queden como los de la foto.



Los ajos deben tener los dientes muy grandes para que con un diente sea suficiente para untar una tosta, pero si no es posible encontrarlos muy grandes tampoco creo que sea un gran problema. En cuanto el horno se haya calentado metemos los ajos durante unos 90 minutos. Hay que tener en cuenta que con estar dorados no es suficiente, tienen que estar blandos los dientes. Si no estamos seguros de si están hechos podemos comprobar con un cuchillo que los dientes estén blandos.

El queso brie lo podemos cortamos en cachos más pequeños o meterlo sin cortar en una cazuelita de barro, no es obligatorio pero le da un toque. Si usáis torta del Casar ésta se mete entera, así que al comprarla elegid el tamaño adecuado. Cuando hayan pasado 60-70 minutos desde que hayámos metidos los ajos también metemos el queso para que se funda.



Cuando está todo hecho se añade romero al queso. Las tostas no se deben preparar antes de poner en la mesa, sino que se las va preparando cada uno mientras come. Es tan sencillo como untar primero la tosta con un diente de ajo y después untar encima queso. Sí, habéis leído bien, los dientes de ajo deben estar tan blandos que se puedan untar como se ve en la foto. Ahora queda la parte con la que más se disfruta: comer.

Pequeños consejos:

El único consejo que se me ocurre es el que os he dado al comenzar: Si pensáis hacer este plato no olvidéis que se necesita tiempo y no se puede hacer a última hora.



Y no un consejo , sino más bien una sugerencia, es que os paséis por el bar Los Chuchis si queréis probar el plato y no tenéis tiempo para hacerlo en casa.

Al gusto:


Si se desea al sacarlos del horno se pueden regar con aceite, nosotros no los hemos hecho, pero depende de los gustos. Supongo que este plato admite variaciones, una de ellas es sustituir el queso brie por torta del Casar, pero prefiero que nos las contéis en el comentarios para así aprender todos de todos.

Catástrofe de hoy:


El consejo que os lo he dado no ha sido inventado, nos estábamos muriendo de hambre mientras los ajos se hacían, ya que no pensaba que tardaran tanto en hacerse.

Fotos para abrir boca:


Tarta de requesón y limón


Últimamente, no sé por qué, tengo mono de tarta de queso a todas horas ¡y eso que hace unos pocos años ni me gustaba! Sin embargo, ahora se ha convertido en mi postre favorito... o casi, que la elección es condenadamente difícil.


La que más me gusta, la verdad, es la que suelo hacer habitualmente, pero como esta tarta de queso tiene que cuajar durante varias horas en el frigorífico y estaba con uno de esos ataques de ansiedad que dan de vez en cuando en periodo de examenes, me decanté por una receta más rápida y sencilla: esta deliciosa tarta de requesón y limón.

El estilo es muy similar al de la quesada pasiega pero algo más ligera, en parte por no llevar harina, y en parte también por el toque a limón, que siempre ayuda a hacer más livianas las recetas.

¡Por cierto! ¿La miel de las fotos? De Ucrania, del abuelo de Victor ;D

Con esta receta queda garantizado un resultado estupendo con muy poquito trabajo. ¡Vamos a ello!


Ingredientes:



- 500 gr de requesón

- 400 ml de nata para montar

- 5 huevos L

- 160 gr de azúcar

- 1 cucharadita de azúcar avainillado

- 50 gr de mantequilla

- La ralladura de un limón grande


Elaboración:



Empezamos por derretir la mantequilla en el microondas. Después la mezclamos con el resto de los ingredientes (todos) y batimos bien, hasta que no queden grumos.

Vertemos la masa en un molde previamente engrasado e introducimos la tarta en el horno precalentado a 190 ºC durante 1 h y 10-20 min. La dejamos enfriar completamente en el frigorífico y ¡listo!

Fácil, ¿eh?

Pequeños consejos:



Para empezar, si usáis un molde desmoldable, aseguraos de que cierra bastante bien, pues al no quedar la masa demasiado densa puede empezar a colarse por los bordes (si queréis ver lo que pasa no tenéis más que echar un vistazo a la entrada de la quesada pasiega).

Y a la hora de hornear, el tiempo es bastante orientativo, pues depende del horno y del diámetro del molde que hayamos usado. En cualquier caso, haced la prueba del palillo y en cuanto salga limpio estará listo. Eso sí, tened en cuenta que este tipo de tartas parece que no están del todo hechas al sacarlas del horno, pero es que tienen que enfriarse bien para que queden bien asentadas.


Al gusto:


La ralladura de limón no es imprescindible, de modo que podéis sustituirla por cualquier otro aroma como la naranja, canela...

Y para acompañar: mermelada, miel, nata montada... como más os guste.


Catástrofe de hoy:


¡Me temo que nada!


Fotos para abrir boca:





Brochetas de rape con langostinos


I'm back! Tengo la impresión de que últimamente lo único que digo es que he vuelto, pero... me temo que hay prioridades, y estudiar pues es una de ellas. Ojo, que echo muchísimo de menos escribir y... cocinar, que no sé ni cómo he podido sobrevivir estas últimas semanas; menos mal que tenía algunas recetas preparadas desde verano para poder contaros, porque aunque ya he vuelto a la rutina ha costado un poquito arrancar, la verdad.



Tenía muchísimas ganas de compartir estas brochetas de rape con langostinos con todos vosotros pero... Porque ¿cuándo las preparé...? ¡Anda que no hace! Creo que fue hacia finales de julio, que claro, había que aprovechar que estaba en casita con mis padres (y en Santoña) para comprar rape, porque con el precio que suele tener por los Madriles... no, gracias.

Es un plato que siempre pedíamos mi madre y yo cuando íbamos a comer al Conde de Álava, en Vitoria (que por cierto recomiendo) y al que le estaba yo dando vueltas casi desde la primera vez que lo probamos, pero visto lo visto, me ha costado decidirme. Eso sí, después de esta primera vez, llegamos a la conclusión de que había que prepararlo bastante más a menudo.

Ya sé que el rape no es apto para todos los bolsillos, pero oye, en alguna ocasión que lo merezca ¿por qué no? Es muy fácil y rápido de hacer, y como no podría ser de otra manera, tiene una presencia... ¡Vamos a ello!

Ingredientes (para 4):


- 1 cola de rape de 1/2 kg

- 16 langostinos hermosos

- 2 patatas grandes

- 2 tomates

- 4 dientes de ajo

- Aceite de oliva virgen

- Perejil

- Sal

Elaboración:


Para hacer las patatas:



Pelamos las patatas, las cortamos en rodajas de 1/2 cm de grosor y las freímos en abundante aceite, ya caliente. Cuando estén doraditas y bien hechas por dentro (habrá que ir probando de vez en cuando) las sacamos, las escurrimos en papel absorbente y les echamos sal.

Para hacer el rape y los langostinos:

Mientras se fríen las patatas, cortamos el rape en 12 cubos grandecicos, pelamos los langostinos y montamos las brochetas intercalándolos. Serán 3 cubos de rape y 4 langostinos por persona, y empezaremos y acabaremos las brochetas con los langostinos.

(langostino-rape-langostino-rape-langostino-rape-langostino)

Después las colocamos sobre una plancha bien caliente con un poco de aceite. Tardarán entre 5-10 minutos, dependiendo del grosor de las piezas y de lo bien que hacen contacto con la plancha, especialmente los langostinos.

Para hacer el ajo:

Un poco antes de tener listas las brochetas, cortamos los dientes de ajo en láminas y los doramos en unas 6 cucharadas de aceite, con cuidado de que no se quemen.

Para hacer los tomates:

También un poco antes de que estén hechas las brochetas, lavamos los tomates, los cortamos por la mitad (horizontalmente), y los hacemos en la plancha, un par de minutos por cada lado, después los espolvoreamos con sal y perejil.

Para emplatar:

Colocamos cada brocheta en un plato donde quepa entera, le echamos una pizca de sal y la espolvoreamos con perejil. Después la regamos con un poco de aceite con ajos, colocamos unas pocas patatas a un lado, medio tomate al otro y ¡listo!

Pequeños consejos:


Para que el rape y los langostinos se hagan de manera uniforme y sin que se pasen, una buena idea sería hacerlos por separado en la plancha y luego montar las brochetas.

En cuanto al tomate, podéis ponerlo desde el principio junto con el pescado, dependiendo de lo hecho que os guste.

Y en lo que a los ajos se refiere, tenéis dos opciones, o bien hacerlos en la sartén, a la antigua usanza, o en el microondas. Para hacerlos de la segunda manera, los colocáis junto con el aceite en un recipiente refractario (yo uso las jarritas éstas de Pyrex) y los hacéis un para de minutos a máxima potencia, después lo vais poniendo de medio en medio minuto hasta que cojan un colorcillo dorado. Es bastante más cómodo, y como no saltan no hace falta taparlos.

Al gusto:


Las patatas podéis ponerlas fritas en rodajas, como he hecho yo, en cubos, cocerlas, hacerlas puré e incluso colocar una patata asada al horno en cada plato, eso como prefiráis o según el tiempo de que dispongáis.

Y los tomates, pueden se unos cherry bien salteaditos en una sartén con un poco de aceite.

Catástrofe de hoy:


Que yo habría preferido hacer las patatas asadas, pero claro, una se entretiene en la hora del vermouth (yo soy más de caña, la verdad) y luego claro, con el hambre con que llegas a casa hay pocas ganas de esperar a que las patatas se hagan al horno. Ojo, que no es mejor ni peor, sólo una cuestión de apetencias.

Fotos para abrir boca:


Muffins de yogur y piña


¡Vamos con otra de muffins! De hecho, otra de muffins de fruta, pero vamos a variar un poco. Hoy toca muffins de piña rellenos de crema de yogur. Saben a verano: la ligera acidez y frescura de la piña con el yogur... verano.





Como siempre, otra receta muy fácil de hacer y con un resultado más que estupendo. Son ligeros, frescos, no empalagan... y entran a cualquier hora, de hecho los he estado comiendo para desayunar, de postre, para merendar... sólo me ha faltado levantarme en mitad de la noche para comerme otro (lo sé, tengo un problema).


Si estáis un poco vagos no tenéis ni por qué rellenarlos, pero el contraste entre la piña y el yogur es espectacular, siempre que no te pases con el azúcar del yogur, claro, pues es como el helado del brownie, que aunque el brownie sólo está delicioso, el helado siempre ayuda a comer más; pues el yogur hace algo parecido.

Bueno, ¡al tema, que lo que interesa es la receta!

Ingredientes (para 10 muffins):


Para el muffin de piña:

- 100 ml de aceite de girasol

- 2 huevos L

- 350 gr de harina

- 180 gr de azúcar

- 250 ml de yogur griego sin azúcar

- 250 gr de piña (natural o en almíbar)

- 2 cucharaditas de levadura (pequeñas)

- Una pizca de sal

ingredientes muffins de piña


Para el relleno:

- 1 yogur griego sin azúcar

- 1 cucharadita de azúcar avainillado

- 3 cucharaditas de azúcar glass


Elaboración:


Para hacer los muffins:
Batimos los huevos con el azúcar y la pizca de sal hasta tener una mezcla espumosa. Después añadimos el aceite, batimos, luego el yogur y volvemos a batir.


Tamizamos la harina y la levadura y las incorporamos realizando movimientos envolventes con la ayuda de una espátula. Por último agregamos la piña cortada en daditos pequeños y mezclamos para repartirla de forma homogénea.

Llenamos con la masa de los muffins las moldes hasta las 3/4 partes (o casi hasta arriba si usáis los moldes especiales para muffins de papel) y los horneamos a 190ºC durante 22-24 minutos, o hasta que hayan crecido bien y estén algo doraditos.


Los sacamos del horno y dejamos que se enfríen sobre una rejilla.

Para hacer el relleno:
Batimos bien el yogur a temperatura ambiente con el azúcar glass y el avainillado.

Para montar los muffins:
Hacemos un agujero casi hasta el fondo en el centro de cada muffin, ya fríos, con la ayuda de un descorazonador y reservamos las "tapas". 


Entonces los rellenamos con el yogur y los volvemos a cubrir con la parte de arriba de las "tapas" reservadas (ya, yo tampoco aguanto y me como siempre lo que sobra, que, ojo, no es poco si has hecho una docena de muffins) y ¡listo!


Pequeños consejos:


Lo primero es que por lo general, los trozos de fruta suelen acabar flotando en la masa o hundiéndose, y con la piña ocurre esto último. Para evitarlo hay que enharinar un poco la fruta.


Lo que yo suelo hacer es mezclar casi toda la harina con la masa, entonces, tamizo un poco más, echo los trozos de piña y por último lo que queda de la harina (debe ser poco), y mezclo hasta que queda bien repartida. Así evitamos también que se cree una gruesa costra de harina cruda sobre los trozos de fruta en los muffins una vez horneados.

Lo segundo es que como bien sabéis (pero por si acaso lo recuerdo), tanto la temperatura del horno como el tiempo de horneado son orientativos, pues dependen en gran medida del horno y de la cantidad a hornear, así que ¡a vigilar de vez en cuando!


Y es muy importante que no los manipuléis estando calientes, pues se os pueden desmoronar por completo e incluso llegar a  bajarse.

Por último, debéis tener en cuenta que al tener yogur, como mucho deberéis tenerlos un día fuera del frigorífico, pasado ese tiempo lo mejor es que los refrigeréis. E incluso si ya sabéis que no se van a comer el mismo día, hacedlo directamente.


Al gusto:


Podéis utilizar esta misma receta con un montón de frutas, pero hay que tener en cuenta que dependiendo de la cantidad de agua que suelten las frutas debe añadirse o quitarse harina. En este caso hay que utilizar bastante, pues la piña es en su mayor parte agua (y más aún si es de lata por lo general), pero si los hicieseis de plátano tendríais que usar bastante menos, de modo que la masa no quede excesivamente densa y pueda fluir, no con facilidad pero que al menos fluya algo.


Para el relleno también podríais usar yogures de sabores, pero me decantaría por el más tradicional, el de limón o cómo no, el de piña. Los demás... sería una mezcla de sabores un tanto extraña.


Catástrofe de hoy:


Iba a decorarlos con un poco de azúcar mezclado con agua, igual que se hace con el roscón de reyes, pero se me ha olvidado, lo he puesto estando ya horneados y los he metido un poquito más, de modo que... no se ha pegado.

Y lo más gordo: ni se me había pasado por la cabeza que este tipo de muffins (con yogur o cualquier otra crema a base de leche o huevo) con el calor que está haciendo por los Madriles podrían ponerse malos tan rápido. ¿Que con qué me refiero a malos? Pues básicamente a que me llevé uno para el descanso de un concierto en el Teatro Real, y después de habérmelo comido casi todo, miro el muffin y veo ¡moho! no mucho, ¡pero le estaba empezando a salir moho! Obviamente lo tiré, y por suerte al día siguiente no tuve que lamentar nada. ¡De todo se aprende! Aunque mejor por las buenas que por las malas.

Bueno, y como podéis ver en las fotos... están un poco pochos, pero precisamente es por eso que os he explicado de todo el agua que sueltan algunas frutas.


Fotos para abrir boca: 




Quiché de cebolla y calabacín caramelizados con queso de cabra


¡Por fin! ¡Después de 2 meses sin Internet! (El móvil no cuenta...) Primero en el pueblo, luego Moldavia (os tengo que contar la experiencia, que he comido tartas hasta hartarme), otra vez al pueblo y... vuelta a las obligaciones; sí, sí, septiembre no perdona, al menos a mí no, así que tampoco esperéis mucha actividad en las próximas semanas. Ojo, que por preferir prefiero cocinar y escribir a estudiar, pero hay prioridades, lo entendéis, ¿no? Bueno, vamos a dejarnos de rollos y a por la quiché.



Una vez a la semana Victor suele quedar para comer con unos amigos y si el tiempo acompaña van al parque, de modo que cuando yo me apunto, suelo procurar preparar algo cómodo de comer tirados en el suelo, y si es sin cubiertos mejor. Así que la última vez que nos vimos se me ocurrió preparar esta sencilla quiché de cebolla y calabacín caramelizados con queso de cabra. Se tarda casi más en leer el título de la entrada que en preparar la receta.

Es un plato estupendo y cómodo para esas escapadas al campo de domingo o para variar un poco y sustituir las típicas pizzas en las tardes con amigos por unas quichés, pues pueden hacerse de un montón de cosas: la típica Lorraine de bacon y queso, de verduras, de atún, de pollo... Vamos, de todo aquello que se os pueda ocurrir.


Ingredientes:


- 1 plancha de hojaldre o masa quebrada

- 3 cebollas pequeñas o 2 medianas

- 1/2 calabacín

- 1/2 barra de queso de cabra

- 3 huevos L

- 200 ml de leche

- Aceite de oliva virgen

- 2 cucharadas de azúcar

- 2 cucharadas de vinagre de Módena

- Perejil

- Sal

Elaboración:



Ponemos a calentar una cazuela baja con un poco de aceite de oliva y cuando ha cogido calor añadimos las cebollas y el calabacín cortados en juliana y una pizca de sal. A los 5 minutos bajamos el fuego y pasados otros 15 minutos, cuando estén blanditos y se haya reducido algo el volumen agregamos el azúcar y el vinagre de Módena, removemos y dejamos que se hagan unos 10-15 minutos más a fuego muy lento. Apartamos la cazuela del fuego y dejamos que temple.



Batimos los huevos con la leche y media cucharadita de sal, e incorporamos la cebolla y el calabacín caramelizados ya templados.Forramos un molde engrasado con la plancha de hojaldre o masa quebrada, según hayamos elegido y vertemos la mezcla anterior. Repartimos ahora  el queso de cabra cortado en rodajas de 1/2-1 cm de grosor por encima y espolvoreamos con abundante perejil.



Horneamos nuestra quiché a 190ºC durante 30-40 minutos, o hasta que esté cuajada. Para comprobarlo introducimos un palillo en el centro y si sale limpio es que está lista. La sacamos del horno, la cortamos y ¡listo!



Pequeños consejos:


Cuando queremos caramelizar algo, lo ideal es tenerlo a fuego muy lento durante el mayor tiempo posible. De esta forma, dependiendo del ingrediente a caramelizar, puede no ser necesario el azúcar, como es el caso de la cebolla caramelizada. Pero como solemos andar con prisas, la que os he propuesto es una solución muy adecuada.

Por otro lado, si os digo que la cebolla y el calabacín tienen que estar templados, es porque si los agregamos demasiado calientes a la mezcla de leche y huevos, podrían hacer que estos últimos cuajaran.



Y por último, si el hojaldre empieza a coger demasiado color y aún queda bastante tiempo para que cuaje, lo cubrís con una hoja de papel de aluminio y arreglado.


Al gusto:


Yo no lo he hecho porque no me va demasiado, pero algo que le habría ido estupendamente a la quiché habría sido un poco de queso azul, aunque no demasiado, pues su fuerte sabor mataría el de la cebolla caramelizada.

Y aunque no os guste el calabacín ¡no lo quitéis! Al caramelizarlo cambia muchísimo el sabor y a menos que os lo dijeran ni siquiera sabríais que está ahí, pero aporta mucha jugosidad.

Y mi última sugerencia es cómo servir la quiché: tal cuál, si nada más ya está deliciosa, pero dos buenas opciones para acompañarla son o bien una chorretada de crema balsámica de Módena, o bien una buena salsa pesto, si es casera mejor (ya os enseñaré ;D).


Catástrofe de hoy:


Como a estas alturas ya es "catástrofe de hace 2 meses" ni me acuerdo. Entre las fotos no he visto nada raro, así que imagino que no.


Fotos para abrir boca:






Pastel tártaro de pollo: receta ganadora del concurso de recetas alhorno de Canal Cocina


¡No puedo creer que haya ganado el concurso de Canal Cocina! Y me acuerdo de Victor diciéndome: " que no se te olvide subir la receta, no sea que perdamos el horno por eso". ¡Qué fe! Y yo pensando: " pero si no voy a ganar, qué más da". Pero puesto que tenía el vídeo listo desde hacía unos días, pues oye, no iba a dejar pasar la oportunidad. Ya había subido un par de recetas: 'Manzanas asadas rellenas' y 'Lubina crujiente con verduras al horno', pero del 'Pastel tártaro de pollo', que es la única receta que tenía vídeo,  me acordé a última hora, la verdad, ¡y menos mal! :D




Aunque lo mejor de todo es que si normalmente tardan cerca de un mes en sacar los resultados de los concursos, para éste tardaron ¡dos meses! Claro, y yo intrigada, pero mira por dónde, ayer me llegó el e-mail comunicándome que había ganado, y no me lo podía creer, ¡un horno!

Bueno, euforia aparte, como muchos sabréis Victor es moldavo (os dejo unos minutos para buscarlo en el mapa ;D), de modo que durante los últimos años me he visto un tanto involucrada en el tema de la gastronomía del este, y es que es una gozada que al probar la comida diga: 'el sabor me recuerda a cuando...' Para bien, claro.



Bueno, pues, hace dos cumpleaños me regaló un libro de gastronomía rusa, ucraniana... y tengo desde entonces unas cuantas páginas marcadas con pequeños post its con las recetas que más me llamaron la atención, y una de ellas fue un pastel tártaro que consistía en masa como de empanada rellena de carne picada de ternera y patata. Sin embargo, como no me apetecía algo tan consistente, cambié el relleno por éste de verduras, champis y pollo, muuucho más ligero.

¿Lo más importante? Una cantidad generosa de eneldo y perejil, y si son frescos (los míos son de mi humilde terracita) aún mejor.


Ingredientes:


Para la masa:

- 400 gr de harina

- 150 gr de mantequilla

- 1 yogur griego

- 1 huevo L

- 50 ml de aceite de oliva virgen

- 20 ml de vinagre de vino

- 2/3 de cucharaditas de sal



Para el relleno:

- 500 gr de pollo (pechugas)

- 200 gr de setas

- 400 gr de champiñones

- 125 gr de bacon

- 1 cebolleta

- 1 puerro

- 1 ramillete de perejil y eneldo

- 3 cucharaditas de sal

- Aceite de oliva virgen


Elaboración:


Para hacer la masa:

Batimos la mantequilla en pomada con el huevo, el yogur, el aceite y el vinagre, en ese orden. Entre ingrediente e ingrediente batimos hasta que quede bien integrado.

Añadimos la sal y luego la harina tamizada poco a poco. Mezclamos con ayuda de una espátula y cuando empiece a coger consistencia pasamos a amasar con las manos. Añadiremos la harina justa y necesaria para que no se nos quede pegada, ni más ni menos. La envolvemos en papel film y la metemos en el frigorífico mientras preparamos el relleno.

Para hacer el relleno:

Lavamos el puerro, las setas y los champiñones.

Picamos toscamente la cebolleta, el puerro, las setas, los champiñones y el bacon. El pollo lo cortamos en dados. Picamos finamente el eneldo y el perejil y mezclamos con el resto de los ingredientes. Añadimos la sal y el aceite y mezclamos de nuevo.

Para hacer el pastel tártaro:

Engrasamos el molde con aceite . Éste no debe ser demasiado ancho ni demasiado bajo.

Enharinamos una superficie limpia, aplastamos un poco la bola de masa y la estiramos con un rodillo hasta quedar bien fina pero sin que corra el riesgo de romperse. Forramos con ella el molde, de modo que quede bien centrada y sobresalga lo suficiente por los bordes como para luego cubrir el relleno.

Vertemos el relleno de pollo y verduras y lo cubrimos con la masa que sobresale, dejando un agujero en medio para que pueda evaporarse el líquido que sueltan las verduras, lo horneamos a 190ºC durante 1 hora y media y ¡listo!


Pequeños consejos:


Ya sabéis, como siempre, cuidado con que la mantequilla no se derrita demasiado, pues hará falta mucha más harina y la masa quedará algo más seca: tiene que estar blandita.

Luego, al estirarla hacedlo con cuidado para que no se rompa y queden agujeros. En caso de que pasara, si no son muy descarados y no tenéis ganas de volver a amasar y estirar, podéis colocar la masa en el molde y luego parchear los huecos con un poco de masa sobrante. Eso sí, pegadla bien para que no se escape el jugo del relleno por ahí.

Tened también en cuenta que el relleno mermará, de modo que lo mejor es presionar la masa con la que lo cubramos sin miedo.


Al gusto:


¡No eliminéis el eneldo, por favor! Para mí (y para Victor también) es casi lo mejor de esta receta, pues es lo que hace que su sabor recuerde a la gastronomía del este.

Además, si lo acompañáis de nata agria bien fría o en su defecto de crème fraîche, aún mejor. El contraste es sublime, os lo aseguro.


Catástrofe de hoy:


No es una catástrofe, pero soy leeeennnta, leeeennnta, leeeennnta picando, como podréis comprobar si veis el vídeo.


Fotos para abrir boca: